El ajuste pesa más que la recuperación económica
El retroceso económico tocó su punto más crítico en marzo de 2024, con una contracción de más del 8%. Recién en abril de 2025 se registró un crecimiento interanual significativo de 7,7%, impulsado por subas en sectores clave como la industria (+7,58%), la construcción (+17,5%) y el comercio (+15,6%). Sin embargo, estos crecimientos responden más al efecto rebote tras la caída inicial provocada por las políticas de ajuste, que a una expansión sólida y sostenida: en abril de 2024, esos mismos sectores habían caído de manera interanual en torno al 15% en la industria y el comercio, y casi 25% en la construcción. Así lo revela un informe del Centro RA de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires.
Por su parte, desde el cambio de gobierno, las ventas mayoristas y minoristas muestran una tendencia a la baja, en parte explicada por la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, fuertemente golpeados por la inflación y el aumento de tarifas.
No obstante, el sector de los supermercados comienza a dar algunas señales de mejora, con cuatro meses consecutivos de aumento interanual en las ventas.
Sin embargo, al analizar la evolución durante la gestión de Milei, el incremento sostenido de las ventas en supermercados registrado en los últimos cuatro meses aún no ha logrado revertir la caída acumulada, que se mantiene cercana al 6%.
Por otro lado, las ventas mayoristas continúan en descenso, con una baja acumulada cercana al 21% desde el inicio del nuevo gobierno.
Esta dinámica podría indicar que los supermercados están vendiendo stocks acumulados en períodos anteriores, sin reponerlos a través de compras mayoristas, debido a la incertidumbre que persiste sobre el comportamiento de la futura demanda.
En síntesis, los últimos indicios de mejora —un rebote interanual de la actividad y cuatro meses de alza en las ventas minoristas— no alcanzan para neutralizar la fuerte contracción acumulada desde el inicio de la gestión Milei. La industria sigue mostrando pérdidas significativas, la demanda mayorista profundiza su desplome y el consumo familiar se sostiene, en parte, a costa de un creciente endeudamiento con tarjetas de crédito. Este combo revela una recuperación frágil, apoyada en la posible liquidación de stocks y en uso del endeudamiento de los hogares para la financiación del gasto básico, más que en una recomposición genuina del poder adquisitivo o de la inversión productiva. De persistir esta dinámica, el riesgo sería un estancamiento prolongado con mayor presión social, ya que ni la reactivación industrial ni la demanda interna exhiben aún señales sólidas de mejora sostenida.

