Deshielo entre Karina y Macri de cara a la campaña
Después de meses de silencio cargado de reproches cruzados, el diálogo entre Balcarce 50 y el PRO volvió a encenderse esta semana. Karina Milei y Mauricio Macri hablaron por teléfono el lunes, casi media hora, y de esa charla surgió la decisión de destrabar un canal formal de negociación: este jueves a las 11, en la Casa Rosada, delegados de ambos espacios se sientan a delinear los primeros pasos de una relación que viene de la peor época desde que arrancó la gestión libertaria.
Los nombres propios. Por el oficialismo estarán el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y el subsecretario de Asuntos Institucionales, Eduardo “Lule” Menem, dos hombres que Karina Milei eligió a conciencia: Santilli es, hoy, el puente con mayor conocimiento del paño amarillo, con vínculos históricos en el PRO pese a estar ya pintado de violeta. Del lado de Macri, la delegación la integran Cristian Ritondo, jefe del bloque de Diputados, y Fernando De Andreis, secretario general partidario —la conducción institucional del PRO, no su ala más dialoguista con Santiago Caputo, que hasta ahora había sido el interlocutor de Ritondo.
Lo que se discute (y lo que no). Las fuentes oficiales intentan bajarle el precio al encuentro y lo encuadran como una “mesa de trabajo” para una agenda legislativa común, con la reforma de la carta orgánica del Banco Central y los cambios en el mercado de capitales impulsados por Federico Sturzenegger como primeros puntos calientes. Pero nadie en Balcarce 50 ni en el búnker amarillo ignora que atrás de ese temario asoma la verdadera discusión: la letra chica de un eventual acuerdo electoral de cara a 2027, con capítulo aparte para la Provincia y la Ciudad de Buenos Aires, donde Jorge Macri ya blanqueó su intención de ir por la reelección.
La condición de Karina. El dato que circula puertas adentro de la Rosada es que la secretaria general puso una condición previa a cualquier acuerdo: que el PRO acompañe primero, sin condicionamientos, los proyectos de Javier Milei en el Congreso. Es una lectura directa del fin de semana legislativo que el oficialismo viene de atravesar, con derrotas en serie y un handicap adicional: el faltante de apoyo de gobernadores, diputados amarillos y buena parte de la UCR.
El clima previo. El deshielo llega apenas un día después de un cruce tenso en comisiones, cuando declaraciones del economista libertario Miguel Boggiano sobre el rol del PRO en la city irritaron al propio De Andreis, uno de los enviados de Macri a la cumbre de mañana. El episodio terminó con un pedido de disculpas de LLA y el aporte de firmas amarillas para destrabar el dictamen sobre el Banco Central, un gesto que en la Rosada leen como señal de que, pese a los cortocircuitos, la mesa sigue de pie.
La lectura política. En el círculo íntimo del Presidente insisten con una hipótesis que ya es moneda corriente: que las críticas periódicas de Macri no son más que una forma de garantizar protagonismo antes de una foto de reunificación. “Lo único que quiere es que lo llamen”, repiten cerca de Milei. Desde el otro lado del mostrador, el macrismo sostiene que necesita preservar identidad propia antes de subirse a cualquier confluencia, y que el orden de la delegación —con la conducción institucional del partido al frente, no los armadores territoriales— busca dejar en claro que cualquier paso hacia adelante lo dará el PRO como estructura, no como furgón de cola.
El horizonte. Nadie en la Rosada ni en el búnker amarillo habla todavía de un acuerdo electoral nacional cerrado. Lo de mañana es apenas el primer casillero de un tablero que se juega a un año de las presidenciales de 2027, con la sombra de la experiencia 2025 —cuando Ritondo y Santilli ya trabajaron juntos en una confluencia LLA-PRO— como antecedente inmediato. La incógnita que queda planteada, y que ninguno de los dos lados quiere resolver todavía en público, es si esa mesa de trabajo legislativa termina derivando en algo más parecido a una alianza, o si vuelve a quedar en la nada, como tantas otras veces en este último año y medio.

